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22 jun. 2012

Burlando a la muerte

Hay personas que nacen con suerte y otras que carecen de ella. Hay personas que burlan a la muerte una y otra vez y otras que son sorprendidas por la parca de la forma más inverosímil, existen personas a las que les llega su hora cuando menos lo esperan y otras que la esquivan constantemente. Hay gente que atrae la muerte con su sola presencia e involucra a cuantos tienen alrededor.


Es el caso de Violeta Jessop, una mujer que nació con suerte y a la que vigilaba de cerca un ángel de la guarda, aunque a sus semejantes solo les brindaba tragedias y desgracias. Violeta era una argentina afincada en alta mar, su hogar eran los barcos y su vida atracaba en un puerto de cuando en cuando. De profesión camarera se enroló con 23 años en el Olympic, dicho barco siempre ha sido conocido como el 'gemelo' del Titanic.

Quizás esas habladurías se vieran reforzadas cuando en 1912 sucediera el terrible desenlace del transatlántico. Un año antes, Jessop había sobrevivido a un accidente que había tenido el barco Olympic, un choque en la mar que se tradujo en numerosos heridos y otras tantas muertes.
Violeta decidió probar suerte en el que era llamado 'el barco de los sueños' , un gigantesco transatlántico lleno de lujos y de comodidades, el Titanic.




Creo que pocos desconocen el trágico final del que era el buque, pero para aportar datos concretos diré que viajaban 2227 personas, de las cuales tan solo 705 fueron rescatadas, por supuesto Violeta fue una de las supervivientes del desastre. La muerte llamaba dos veces a su puerta y Jessop consiguió evadirla.

Después del accidente siguió trabajando en barcos, su siguiente destino: el  Britanic, un transatlántico que fue usado como hospital en la Primera Guerra Mundial. En 1916 y trabajando para este, Violeta se salvaba de una forma inexplicable de un nuevo hundimiento, la tragedia acompañaba su vida, aunque ella seguía dándole esquinazo.

Así se ganó el apodo de 'la insumergible', una mujer que sobrevivió a tres accidentes en alta mar que quedaron para la posteridad. Cualquier persona se hubiese replanteado el hecho de seguir con esa profesión, aunque Jessop lejos de supersticiones y de malos augurios continuó sirviendo en barcos durante más de 42 años. En 1971, a los 83 años, murió de una parada cardíaca. Ironías del destino...


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